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Por años ha estado sobre la mesa la posible peatonalización del Zócalo. La gran dificultad es la funcionalidad vial que ha tenido este espacio en los últimos años: Tlalpan remata en el Zócalo a través de 20 de Noviembre y lleva a una cantidad alta de automovilistas hacia los centros laborales al poniente de la ciudad. Siempre que hay una manifestación, Tlalpan es una vialidad impactada.

 

La funcionalidad del Zócalo va más allá de lo vial, estrictamente lo vial tendría que estar por encima de lo común. Sí son miles de usuarios de esta gran “glorieta” de la ciudad, pero también es ridículo concebir un espacio cívico de esta magnitud como un direccionador de movimientos en automóvil, como lo ha sido hasta la fecha.

 

La propuesta de funcionamiento vial que planteamos en la Autoridad del Espacio Público busca la mejor convivencia posible en términos de movilidad peatonal, expresiones ciudadanas, actividades colectivas y tránsitos de paso y de destino. Nuestra idea es que en el corto plazo el funcionamiento vial mantenga la conexión de 20 de Noviembre con Tacuba y Brasil, pero sin rodear por Palacio Nacional y Catedral, para que en estos espacios se tenga la mínima capacidad vial (dos carriles o un carril con bahías) y por lo tanto mayor vínculo peatonal con las calles que rodean el Zócalo. La máxima distancia de cruce sin resguardo, para un peatón, sería de dos carriles. Al lado de Catedral permanecería un espacio para maniobra de autobuses turísticos, como hasta ahora. Es fundamental que los tiempos de semáforo se ajusten a las necesidades de los peatones; actualmente prevalecen tiempos excesivamente largos de espera para todos los usuarios de la vía, lo que impone riesgos e incomodidades.


Lo primero es hacer una prueba piloto de este planteamiento, luego trazar las geometrías definitivas para finalmente realizar la renovación de la plancha del Zócalo. Conceptualmente me parece que debemos hacer una intervención que sea funcional para todos los usos posibles, que sea respetuosa del entorno, que se utilicen materiales durables y de buena calidad pero no pomposos o ambiciosos.



Hay que mantener el cariz de una plaza cívica, pero al mismo tiempo entender que en esos espacios se han anclado carpas y estructuras, por lo que podrían existir elementos que le den funcionalidad cuando se instale un museo, un templete o la pista de hielo. Yo opino que mantengamos la amplia plancha sin vegetación, aún cuando podamos incorporar elementos vegetales en las orillas; yo creo que podríamos plasmar el escudo nacional en una retícula de 150×150 metros, o 500×500 piezas de dos tonos de gris… es la voz de un politólogo, hacen falta otras voces y que al final de cuentas esto se convierta en un trabajo arquitectónico e histórico que entienda las expresiones en torno al Zócalo y la trascendencia del espacio mismo.

 

Para el trabajo de planeación de la renovación del Zócalo necesitamos un vínculo entre instituciones de gobierno y academia, así como mecanismos de participación ciudadana que en un lapso breve nos den información de lo que se piensa afuera del gobierno. Esta entrada del blog es el primer espacio, pero sin duda abriremos otros espacios en las próximas semanas. Queremos leer sus comentarios.