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De unos años a la fecha el término espacio público se incluyó en las agendas de las ciudades, en las aulas, y en la sociedad en general. Actualmente, este concepto es entendido como un espacio, principalmente verde, donde la gente satisface sus necesidades de esparcimiento. Lo anterior describe algunas de las características del espacio público, sin embargo no precisa sobre la dimensión del término, ya que no todo lo que no es privado es necesariamente espacio público.


Pero entonces, ¿qué es el espacio público? Existen muchas definiciones de lo que es, cuando en realidad es algo ha estado presente en las ciudades desde sus inicios, y ahora existe la necesidad de delimitarlo, de categorizarlo y darle una función en específico.


Del ágora griega a la plaza que alberga las manifestaciones políticas del siglo XX y XXI, el espacio público ha sido desde los comienzos de la humanidad el lugar de representación de la sociedad, a partir de estos espacios se puede contar la historia de una ciudad. El espacio público es más que un espacio residual entre calles y edificios, tampoco es un espacio vacío considerado público por definición jurídica, ni con un uso específico. Hablar de espacio público es hablar de espacios multifuncionales, la síntesis de lugares y flujos, lugar de cohesión social, intercambio y expresión de la sociedad.


Diversos autores como Jordi Borja, Patricia Ramírez Kuri, Fernando Carrión mencionan tres características que nos ayudan a identificar al espacio público. La primera es la permanencia, lo que significa que estos espacios no se piensan para una sola generación, sino que trascienden y que forman parte de nuestra identidad como ciudadanos. Seguro que nuestros padres o abuelos nos han contado historias de lugares y eventos que sucedieron en el espacio público. Son espacios donde confluye una pluralidad de perspectivas y situaciones que definen la realidad de lo público. Y finalmente son lugares comunes, es decir que nos vinculan a pesar de las diferencias de los que vivimos y convivimos juntos.


El espacio público es aquel que teje a la ciudad, y en el cual se satisfacen las necesidades complementarias a la vivienda. Es un espacio relacional, de geometría y dimensiones variables, que fomenta relaciones entre lugares y ciudadanos. Además el espacio público y la forma en que se vive es un reflejo de la sociedad a la que pertenece ya que es el lugar de representación y expresión colectiva. Es en estos lugares, donde con base en pequeñas interacciones se va dando forma a la complejidad de la sociedad. Los usos que se dan en estos sitios son tan diversos como lo heterogéneos que pueden llegar a ser sus usuarios, lo que convierte al espacio público en el lugar común a los diferentes actores de la sociedad.


Es de vital importancia dejar de considerar al espacio público como un espacio residual, ya que esta visión lo despoja de significado, y asumir que es un espacio activo que tiene un valor para la ciudad. El espacio público no es aquello que queda entre edificios, más bien es lo que une a los edificios.


Lo que distingue a los espacios públicos abiertos de otros espacios comunes es la posibilidad de adaptarse para cumplir muchas funciones, de ser multifacéticos: una calle es tránsito, museo, mercado, restaurante, es lo que la ciudad demande. Pero sin duda, el componente más importante son las personas que lo habitan. Siguiendo la alegoría de Cortázar que “un puente es un hombre cruzando un puente”, el espacio público es la gente en el espacio público.


Por lo tanto, el espacio público se determina más que por su definición jurídica, por ser espacios de uso y dominio colectivo, multifuncional; estático como un bosque o dinámico como una calle, accesible y caracterizado por la intensidad y la calidad de las relaciones que se crean al mezclar a los diferentes grupos de la sociedad.


Si el término espacio público nos resulta difícil de comprender, llamémosle calle, parque, plaza, jardín; llamémosle con la palabra que nos sea más fácil asociar a los espacios donde convivimos y nos expresamos como sociedad. El espacio público debe dejar de ser sólo un concepto que se discuta entre arquitectos, urbanistas o sociólogos para ser algo que se viva entre todos los ciudadanos.


Se preguntaba William Shakespeare “¿Qué es la ciudad sino su gente?” (Coriolanus, 3.1) y en el tiempo que he colaborado en la AEP esta es la definición que me ha ayudado a entender el espacio público. Estoy convencida que el espacio público se construye de carne y no de concreto y que somos las personas y nuestras rutinas las que llevamos vida a la calle; y así seguridad, vitalidad a los barrios y futuro a las ciudades. Somos todos los que hacemos que el espacio público sea el lugar donde la magia de la ciudad sucede.

 

MÓNICA CASTAÑEDA